25 de marzo y Extremadura
Como cada 25 de marzo, vuelve a nuestra memoria aquel acontecimiento histórico protagonizado por miles de campesinos extremeños que, cansados de esperar, decidieron invadir tierras para ponerlas en cultivo. Antes de esa fecha, fueron muchos los extremeños que abogaron por la necesidad de una reforma agraria que paliara las maltrechas economías campesinas, donde el paro forzoso durante gran parte del año hacía que muchas familias pasaran hambre.
Hoy les traigo un breve artículo publicado en El Obrero de la Tierra en noviembre de 1932 firmado por José Mateos López, que fue concejal socialista en el Ayuntamiento de Guareña entre 1931 y 1934, y alcalde de esta población desde febrero de 1936, en el que denuncia el hambre y la miseria existente en aquella Extremadura donde los terratenientes se negaban a realizar las labores del campo, boicoteando así el Decreto de Intensificación de Cultivos:
Extremadura, región eminentemente
agrícola, tierra de promisión pudiera decirse por su suelo feraz y
abundantísimo en la producción de cereales de todas clases, vinos, aceites y
ganados, tierra que no debiera conocer el hambre ni la miseria, poque de todo
sobra, y, sin embargo, el obrero extremeño se muere de hambre porque los
señores propietarios, que son muy cristianos, que van a misa todos los domingos
a rogar al Altísimo que les perdone de su culpa y pecado, se niegan a hacer las
labores necesarias al campo.
La provincia de Badajoz pasa por un
trance difícil. Sus pacíficos habitantes, acosados por el hambre y la miseria,
han tenido que recurrir a la violencia, porque se les niega el derecho a la
vida (…) Estos obreros no son revolucionarios revoltosos, como se les ha
llamado, ni obedecen a mandatos de ningún sector extremista: solamente son
seres que, como todos los seres vivientes, tienen estómago y necesitan alimento
para ellos y para los suyos (…)
Tierra: he ahí su pensamiento, su sueño dorado. Tierra para labrarla.
Son hijos del terruño, y la tierra debe ser del que la trabaja; pero esa
tierra, tan querida por ellos, está en poder de grandes terratenientes, de
latifundistas, que muchos de ellos no saben dónde está esa tierra de la que
ellos cogen el producto.
