A propósito de la denominación del nuevo municipio resultante de la "fusión" Don Benito-Villanueva
Aquí dejo una interesantes reflexiones de mi buen amigo José Antonio Gutiérrez que resumen, perfectamente, el sentir acerca del nombre.
El nombre sí importa para algunos de los partidarios de la unión.
Autor: José Antonio Gutiérrez Gallego
Autor: José Antonio Gutiérrez Gallego
Acudir una vez más a la llamada de mi buen amigo Carlos, me da la oportunidad de insistir en mi opinión sobre el controvertido tema del nombre de la nueva ciudad que se está fraguando en el centro-este de la región extremeña.
Por las opiniones que he podido recoger en estos últimos días, parece que la ilusión inicial de muchos ciudadanos, al menos de la ciudad de Don Benito, ha dado paso a un cierto estado de escepticismo, mezclado con un poco de hartazgo. A esta poco deseable situación ha contribuido un ruidoso grupo anti-unión y una serie de desafortunados sucesos que han enrarecido el clima.
Ahora, más que nunca, es necesario recuperar el pulso social del proceso por parte de aquellos que venimos apostando de una forma clara y decidida por la unión, aquellos que pensamos que juntos podemos avanzar más que por separado, aquellos que tenemos claro que es mejor tener una ciudad de 60.000 habitantes que dos pueblos medianos entorno a los veinte mil o treinta mil habitantes.
Desde el punto de vista de los servicios y los recursos vivir en una ciudad que supera el número clave de los cincuenta mil efectivos demográficos, no tiene nada que ver con la situación de dos pueblos relativamente grandes. Tampoco es necesario cargar las tintas en los beneficios de la fusión municipal, vendiendo cosas poco probables o al menos de un futuro incierto. Pero sí es necesario destacar la importancia del acceso a los recursos de financiación que supone superar los cincuenta mil habitantes, así como la capacidad de atracción para determinados servicios administrativos y la posibilidad de acaparar importantes proyectos empresariales.
Como decía al principio, no podemos dejar que se pierda la ilusión de los ciudadanos en un proceso que está recibiendo las miradas de toda la nación e incluso de otros lugares más alejados y remotos. Por eso es necesario ver qué cosas se pueden mejorar en el proceso y hacer un guiño al nuevo bando de los indecisos.
Una cuestión muy controvertida ha sido el nombre de la nueva ciudad, se pusieron unas premisas en las votaciones que al final no se han podido cumplir en su integridad. Primero el nombre lo iba a decidir una comisión de 4 expertos, después una comisión de 14 y, por último, el nombre propuesto por esta comisión fue desechado en menos de 24 horas.
La vinculación con el río que atraviesa las dos localidades se ha querido aprovechar para a través de un apellido conseguir un nombre de consenso. Las dos propuestas, a juicio de muchos ciudadanos poco acertadas, han revolucionado a los dos municipios, a pesar de la lentitud del hidrónimo, Guadiana, con la que nos deleitó el poeta local Celestino Vega:
Por las opiniones que he podido recoger en estos últimos días, parece que la ilusión inicial de muchos ciudadanos, al menos de la ciudad de Don Benito, ha dado paso a un cierto estado de escepticismo, mezclado con un poco de hartazgo. A esta poco deseable situación ha contribuido un ruidoso grupo anti-unión y una serie de desafortunados sucesos que han enrarecido el clima.
Ahora, más que nunca, es necesario recuperar el pulso social del proceso por parte de aquellos que venimos apostando de una forma clara y decidida por la unión, aquellos que pensamos que juntos podemos avanzar más que por separado, aquellos que tenemos claro que es mejor tener una ciudad de 60.000 habitantes que dos pueblos medianos entorno a los veinte mil o treinta mil habitantes.
Desde el punto de vista de los servicios y los recursos vivir en una ciudad que supera el número clave de los cincuenta mil efectivos demográficos, no tiene nada que ver con la situación de dos pueblos relativamente grandes. Tampoco es necesario cargar las tintas en los beneficios de la fusión municipal, vendiendo cosas poco probables o al menos de un futuro incierto. Pero sí es necesario destacar la importancia del acceso a los recursos de financiación que supone superar los cincuenta mil habitantes, así como la capacidad de atracción para determinados servicios administrativos y la posibilidad de acaparar importantes proyectos empresariales.
Como decía al principio, no podemos dejar que se pierda la ilusión de los ciudadanos en un proceso que está recibiendo las miradas de toda la nación e incluso de otros lugares más alejados y remotos. Por eso es necesario ver qué cosas se pueden mejorar en el proceso y hacer un guiño al nuevo bando de los indecisos.
Una cuestión muy controvertida ha sido el nombre de la nueva ciudad, se pusieron unas premisas en las votaciones que al final no se han podido cumplir en su integridad. Primero el nombre lo iba a decidir una comisión de 4 expertos, después una comisión de 14 y, por último, el nombre propuesto por esta comisión fue desechado en menos de 24 horas.
La vinculación con el río que atraviesa las dos localidades se ha querido aprovechar para a través de un apellido conseguir un nombre de consenso. Las dos propuestas, a juicio de muchos ciudadanos poco acertadas, han revolucionado a los dos municipios, a pesar de la lentitud del hidrónimo, Guadiana, con la que nos deleitó el poeta local Celestino Vega:
Lenta pereza tendida.
Sueño de cielos y agua.
Río que muere y nace.
¡Guadiana… lento Guadiana!
Los responsables políticos han propuesto poner ellos el nombre para dar solución al problema. Estos cambios inhabilitan las premisas formuladas en la votación, entre ellas que no pudiese contener el nuevo nombre ninguna referencia a los anteriores. Por tanto, se puede partir de cero en este tema y apostar por el nombre sancionado por el uso, incluso antes de que se iniciara este proceso unificador, que no es otro que Don Benito-Villanueva.
Las ventajas de apostar por este nombre son varias, entre ellas la más importante es contentar a muchos ciudadanos que ahora manifiestan cierto desapego con el proceso y quitar un argumento a aquellos que se manifiestan abiertamente en contra de la unión.
Otra cuestión no menor es la publicidad inducida que ha recibido el nombre de Don BenitoVillanueva. Con todo lo publicado en diversos medios sobre la unión puede ser una de las zonas de la nación que mejor saben situar sobre el mapa los españoles. Esta popularidad alcanzada por la unión de los nombres de las dos localidades otorga un importante valor a la nueva ciudad al ser fácilmente reconocida e identificada. Tal vez, nunca se podría conseguir por ningún otro, que puedan poner los representantes políticos, ese grado de popularidad. Los empresarios de la zona saben que esa publicidad no es fácil de alcanzar y reconocen que puede ser un buen apoyo a sus negocios.
Por tanto, sería deseable que en la reunión de los representantes de los grupos políticos y los alcaldes no se marquen líneas rojas con relación al nombre, basándose en premisas incumplidas, ya que en un proceso de este calado se debe ir lo más acompañado posible para evitar sustos de última hora.
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