La fragua de Ramón, ubicada en un pueblecito extremeño, era el lugar de encuentro de los vecinos. Un espacio donde tenían cabida el debate y las opiniones diversas. Este blog, como entonces la fragua de mi abuelo, es un lugar para compartir ideas, recordar acontecimientos y dar a conocer eventos pero, sobre todo, un espacio en el que la historia es la gran protagonista.

jueves, 28 de julio de 2022

¡Viajeros al tren! 

 En 1975, el reconocido economista catalán Jordi Nadal en su libro El fracaso de la Revolución Industrial en España, 1814-1913 se refería a la construcción del ferrocarril en España. Releyendo estos días la citada obra, que me parece una referencia ineludible para comprender nuestra historia económica contemporánea, he escuchado esta mañana unas declaraciones de un político local que utiliza el tren y la alta velocidad como simil del proceso que está siguiéndose con ocasión de la fusión de Don Benito-Villanueva. Unas declaraciones que, aunque breves, no dejan indiferente a nadie. 

Entre "localismos rancios", que uno no sabe bien a qué se refiere, porque más bien da la impresión de que estamos asistiendo a la viva imagen del clásico caciquismo decimonónico de la época en la que se aprobó el tendido ferroviario que, como dice Nadal (p.50) "estuvo pensado como instrumento de colonización y de explotación, mucho más que como instrumento de auténtico desarrollo".
También se refiere el político a un tren que se desplaza a una velocidad de 200 km por hora (no será aquí en Extremadura, supongo) y, lo mejor de todo, la advertencia que nos lanza el maquinista: "quien se tire del tren se matará". ¡Pues claro! Pero tranquilos, el tren llegará a la estación de destino. Lo que no sabemos es con cuántos pasajeros y a costa de qué.
Decía Nadal que la red ferroviaria se había construido deprisa y sin pensarlo mucho, porque el negocio estaba ahí: en construir. No sabemos si "el negocio" de la fusión también está en el proceso y no en el fin. Y enseguida se nos viene a la mente el famoso axioma de: "El fin justifica los medios". 
De cualquier forma, creo que el proceso está siendo vivido desde la otra parte con cierto malestar, e incluso con pesar, sobre todo, por los injustificados ataques verbales que está sufriendo que, como cualquier acto de violencia, no merece nada más que nuestra repulsa. 
Esperemos que el tren no descarrile y seamos el hazme reir de este país. Porque, a ver qué hacemos luego con las medallas.
 

 

 

 

 

 

miércoles, 27 de julio de 2022

 A propósito de la denominación del nuevo municipio resultante de la "fusión" Don Benito-Villanueva

Aquí dejo una interesantes reflexiones de mi buen amigo José Antonio Gutiérrez que resumen, perfectamente, el sentir acerca del nombre.

El nombre sí importa para algunos de los partidarios de la unión.
Autor: José Antonio Gutiérrez Gallego
 
Acudir una vez más a la llamada de mi buen amigo Carlos, me da la oportunidad de insistir en mi opinión sobre el controvertido tema del nombre de la nueva ciudad que se está fraguando en el centro-este de la región extremeña.
Por las opiniones que he podido recoger en estos últimos días, parece que la ilusión inicial de muchos ciudadanos, al menos de la ciudad de Don Benito, ha dado paso a un cierto estado de escepticismo, mezclado con un poco de hartazgo. A esta poco deseable situación ha contribuido un ruidoso grupo anti-unión y una serie de desafortunados sucesos que han enrarecido el clima.
Ahora, más que nunca, es necesario recuperar el pulso social del proceso por parte de aquellos que venimos apostando de una forma clara y decidida por la unión, aquellos que pensamos que juntos podemos avanzar más que por separado, aquellos que tenemos claro que es mejor tener una ciudad de 60.000 habitantes que dos pueblos medianos entorno a los veinte mil o treinta mil habitantes.
Desde el punto de vista de los servicios y los recursos vivir en una ciudad que supera el número clave de los cincuenta mil efectivos demográficos, no tiene nada que ver con la situación de dos pueblos relativamente grandes. Tampoco es necesario cargar las tintas en los beneficios de la fusión municipal, vendiendo cosas poco probables o al menos de un futuro incierto. Pero sí es necesario destacar la importancia del acceso a los recursos de financiación que supone superar los cincuenta mil habitantes, así como la capacidad de atracción para determinados servicios administrativos y la posibilidad de acaparar importantes proyectos empresariales.
Como decía al principio, no podemos dejar que se pierda la ilusión de los ciudadanos en un proceso que está recibiendo las miradas de toda la nación e incluso de otros lugares más alejados y remotos. Por eso es necesario ver qué cosas se pueden mejorar en el proceso y hacer un guiño al nuevo bando de los indecisos.
Una cuestión muy controvertida ha sido el nombre de la nueva ciudad, se pusieron unas premisas en las votaciones que al final no se han podido cumplir en su integridad. Primero el nombre lo iba a decidir una comisión de 4 expertos, después una comisión de 14 y, por último, el nombre propuesto por esta comisión fue desechado en menos de 24 horas.
La vinculación con el río que atraviesa las dos localidades se ha querido aprovechar para a través de un apellido conseguir un nombre de consenso. Las dos propuestas, a juicio de muchos ciudadanos poco acertadas, han revolucionado a los dos municipios, a pesar de la lentitud del hidrónimo, Guadiana, con la que nos deleitó el poeta local Celestino Vega:

Lenta pereza tendida.
Sueño de cielos y agua.
Río que muere y nace.
¡Guadiana… lento Guadiana!

Los responsables políticos han propuesto poner ellos el nombre para dar solución al problema. Estos cambios inhabilitan las premisas formuladas en la votación, entre ellas que no pudiese contener el nuevo nombre ninguna referencia a los anteriores. Por tanto, se puede partir de
cero en este tema y apostar por el nombre sancionado por el uso, incluso antes de que se iniciara este proceso unificador, que no es otro que Don Benito-Villanueva.
Las ventajas de apostar por este nombre son varias, entre ellas la más importante es contentar a muchos ciudadanos que ahora manifiestan cierto desapego con el proceso y quitar un argumento a aquellos que se manifiestan abiertamente en contra de la unión.
Otra cuestión no menor es la publicidad inducida que ha recibido el nombre de Don BenitoVillanueva. Con todo lo publicado en diversos medios sobre la unión puede ser una de las zonas de la nación que mejor saben situar sobre el mapa los españoles. Esta popularidad alcanzada por la unión de los nombres de las dos localidades otorga un importante valor a la nueva ciudad al ser fácilmente reconocida e identificada. Tal vez, nunca se podría conseguir por ningún otro, que puedan poner los representantes políticos, ese grado de popularidad. Los empresarios de la zona saben que esa publicidad no es fácil de alcanzar y reconocen que puede ser un buen apoyo a sus negocios.
Por tanto, sería deseable que en la reunión de los representantes de los grupos políticos y los alcaldes no se marquen líneas rojas con relación al nombre, basándose en premisas incumplidas, ya que en un proceso de este calado se debe ir lo más acompañado posible para evitar sustos de última hora.

jueves, 2 de junio de 2022

LA MESTA Y DON BENITO. HISTORIA DE UN DESENCUENTRO

 

En la segunda mitad del siglo XVIII Don Benito, como toda Extremadura, experimenta un notable crecimiento poblacional, algo superior al 26%, que hizo que a la altura de 1787 el Censo de Floridablanca asignara a la localidad un total de 8.197 habitantes, convirtiéndose, de este modo, en la segunda población de Extremadura. Además, por esas   mismas fechas, sobresalía el alto porcentaje de población dedicado al sector primario, ya     que, sobre un total de 937 activos, 806 pertenecían a dicho sector económico.

Desde las últimas décadas de la centuria del Setecientos, comenzó a manifestarse en Don Benito el conflicto entre una población en aumento y la falta de tierras para labrar que, como hemos podido documentar, suponía un importante freno para su desarrollo. De hecho, las fuentes primarias, especialmente de los protocolos notariales, nos han permitido calibrar la importancia de la protesta campesina ante lo que consideraban excesivos privilegios que gozaban los ganados mesteños, principalmente trashumantes.

Una de las principales razones que desde las autoridades locales, y los mismos labradores, pusieron de manifiesto para justificar esa falta de tierras estaba relacionada con el aprovechamiento ganadero de la mayor parte del término municipal dombenitense. La presencia secular de ganados trashumantes en esta zona entrará en conflicto con los labradores locales y, en menor medida, con los aparceros y braceros, muy numerosos en Don Benito.

El término de Don Benito, que actualmente ocupa la novena posición en Extremadura por extensión y no es el “pueblo más grande” como algunos tópicos han repetido insistentemente, se caracterizó en el pasado por la presencia de la gran propiedad adehesada que era aprovechada, casi en su totalidad, por las numerosas cabañas merinas trashumantes que, año tras año, “invernaban” en los pastos de las vegas del Guadiana. El aprovechamiento de las “yerbas de invierno” comprendía el período que iba desde San Miguel, 29 de septiembre, hasta San Marcos, 25 de abril, aunque en algunos contratos de arrendamiento se alargaba el período de disfrute de los pastos con el llamado “veranadero” o “yerbas de verano”, hasta mediados de junio.

Buena prueba de esto que decimos es que, a mediados del siglo XVIII, el 91,8% del término dombenitense era aprovechado de manera exclusiva por los ganados trashumantes pertenecientes, en su mayoría, a los hermanos del Honrado Concejo de la Mesta. Así pues, la presencia de los mesteños en estas tierras ha sido una realidad muy vinculada a su historia. Otra cosa es lo que esa presencia supuso para el desarrollo de la localidad.

Y es que, culpar de la falta de tierras labrantías a la dedicación eminentemente ganadera del término, así como de los excesivos privilegios mesteños, entre ellos los de posesión, tasa y paso, fue la tónica general en los escritos que los labradores y autoridades locales dirigieron al Consejo de Castilla, como también lo hizo el propio José Moñino, fiscal que intervino en el Memorial Ajustado, que achacaba a los trashumantes “todo el mal que se experimenta”. Queremos decir con ello que el conflicto entre labradores y mesteños va a estar presente en la historia de Don Benito desde bien temprano.

El mejor testimonio que tenemos para conocer la decadencia en la que se encontraba Extremadura a finales del Antiguo Régimen es el Memorial Ajustado entre el diputado extremeño Vicente Paíno y el Honrado Concejo de la Mesta. En ese documento se recogen las denuncias presentadas por las autoridades de la provincia, entre ellas, las del alcalde mayor de Don Benito, quien denunció ante el Consejo de Castilla la falta de tierras para labrar a causa de la presencia mesteña. En aquellos momentos, segunda mitad del siglo XVIII, en Don Benito había propietarios de 550 yuntas que solamente conseguían labrar anualmente algo más de 2.000 fanegas de tierra, muy lejos de las 5.500 fanegas que serían necesarias.

Aunque se dieron algunos tímidos intentos de solución, habrá que esperar hasta 1793 para ver cumplida, en parte, la pretensión de los labradores. El Real Decreto de 28 de abril fue promulgado con el claro objetivo de paliar la decadencia en la que se encontraba la provincia de Extremadura. Además, se ponía de parte de los labradores en el secular conflicto con los ganaderos mesteños, por cuanto su puesta en marcha supuso una limitación de sus abusivos privilegios y, a la larga, significó que una buena parte de las dehesas del término de Don Benito que estaban reservadas para al aprovechamiento pecuario comenzaran a ser labradas, ya que el citado decreto declaraba que todas las dehesas de Extremadura eran de pasto y labor. De esta manera, el Ayuntamiento de Don Benito, a través de un bando, instaba a las personas interesadas en labrar tierras que se presentasen ante el escribano. El resultado fue que en la localidad existían 194 propietarios de yuntas mayores, 420 propietarios de yuntas menores, 382 pegujaleros con un jumento como único bien, además de jornaleros, senareros, etc., que no disponían de suficientes tierras.

Para paliar algo la triste situación en la que muchos labradores se encontraban, se acordó conceder ocho fanegas de tierra a los propietarios de yuntas mayores y cuatro fanegas a los de yuntas menores, saliendo beneficiados casi 900 vecinos y repartiéndose unas 3.000 fanegas de tierras en diferentes dehesas del término, antes aprovechadas exclusivamente para pasto, como eran, por ejemplo: Ahijón de Contreras, Ahijón de Sanabria, Alisedas, Cañahejoso, Casa Campos, Casita de Remondo, Don Rodriguillo, La Redondilla, La Veguilla o Las Habillas, entre otras.

A partir de este momento se puede afirmar que la localidad de Don Benito experimentó un fuerte crecimiento demográfico y económico, hasta el punto de convertirse, en el primer tercio del siglo XIX en la localidad más populosa de Extremadura.

Está suficientemente probado, al menos para el caso de Don Benito, que la presencia mesteña supuso un importante freno en el desarrollo de esta población, hasta el punto de que con la desaparición de los privilegios mesteños los pequeños labradores vieron mejorar sus pésimas condiciones de vida. Por otro lado, la aplicación del decreto de abril de 1793 también traerá como consecuencia la introducción de ciertos cambios, tanto en el uso como en el aprovechamiento del terrazgo. Así, se producirá una importante transformación del paisaje agrario, que desembocará en un aumento de la producción agrícola. Del mismo modo, no podemos dejar de destacar la importante reducción de la presencia de los rebaños trashumantes, así como un moderado incremento de los ganaderos estantes, sin olvidar los beneficios sociales. Pensamos que, desde esta fecha, el campo extremeño entró en una etapa de dinamismo, de vitalidad, de grandes enfrentamientos sociales que contrastan claramente con el inmovilismo anterior. En el caso concreto de la villa de Don Benito estamos convencidos de que su despegue demográfico e importancia en el contexto regional le vendrá dado por la mejora experimentada en el sector agrícola a partir de la puesta en marcha del citado decreto.

Por ello, desde nuestro punto de vista, el que la comisión de “expertos” encargada de proponer el nombre de la nueva ciudad resultante de la fusión de Don Benito y Villanueva de la Serena haya sugerido el nombre de “Las Mestas del Guadiana”, justificando dicha decisión en razones históricas relacionadas con la ganadería trashumante, no se ajusta mucho a la realidad; al menos, de Don Benito. Otra cosa es que justifiquen “Las Mestas” con la acepción contemplada en el DRAE como “aguas reunidas de varias corrientes”, que, supongo, nada tiene que ver con la trashumancia.

De todos es sabido que la trashumancia estuvo muy unida a la historia de Extremadura en general y de Don Benito en particular. De hecho, son numerosísimos los documentos que nos hablan de la presencia de ovejas merinas trashumantes en el término de Don Benito desde la Edad Media, pero consideramos que eso no es argumento bastante.

Si, finalmente, se decide por poner ese nombre, estaríamos haciendo un guiño histórico a una institución, La Mesta, que fue la culpable de los males que sufrió la localidad y gran parte de Extremadura durante la Edad Moderna, aunque no la única. Hubo también otros factores, como la concentración y el desigual reparto de la tierra, así como los intereses de las oligarquías locales que la mantuvieron en ese estado de postración económica. Pero lo que está claro es que la presencia mesteña en tierras dombenitenses, que está suficientemente documentada, no sirvió nada más que para beneficio de unos cuantos poderosos ganaderos en detrimento de cientos de pequeños labradores y jornaleros de Don Benito que malvivían mientras las ovejas merinas disfrutaban de los feraces pastos de las vegas del Guadiana. De hecho, la fundación de Santa Amalia, en 1827, por un centenar de labradores vecinos de Don Benito viene a ser un capítulo más en la larga lucha por la tierra entre labradores y ganaderos en esta sociedad atrasada, rural y caciquil que era Don Benito hasta no hace tanto tiempo.

 

Juan Ángel Ruiz Rodríguez

viernes, 29 de abril de 2022

Presentación libro en Don Benito

El viernes 22 de abril presentamos el libro sobre la vida y tiempo de Anselmo Trejo en la Casa de Cultura de Don Benito. En el acto, que contó con la intervención del alcalde José Luis Quintana, intervino mi amigo y profesor de la UEx José Antonio Gutiérrez Gallego, que me acompañó en la presentación.
Aquí dejo unas fotos que tomó Daniel Cortés, a quien le agradezco el reportaje.